Ana María – Capítulo 22 – La vida es una milonga y hay que saberla bailar

Ana María – Capítulo 22

Este es el último capítulo de nuestra historia de Ana María. Puede que la historia continúe, pero por ahora termina aquí. Ya veremos…

Me gustaría que me dieran su opinión y que me dijeran si les gustó y si quieren que continúe la historia.

Nuevamente pueden escuchar la versión completa, sin pausas, y también la versión con pausas para repetir y practicar la pronunciación. Yo leo cada frase dos veces para que puedas practicar con tranquilidad.

Les recomiendo que escuchen primero la versión completa, sin pausas, y después lean el texto (abajo está la versión completa escrita, también en formato PDF, para imprimir).

Aquí está el índice con todos los capítulos completos de Ana María

Versión sin pausas:

Versión con pausas:

Capítulo 22

La vida es una milonga y hay que saberla bailar

Ana María les ayudó a Tomás y a su socio a ordenar el gimnasio. Había muchísima gente ayudando. Estaban también Sophie, Anna y Lisa, las hermanas de Tomás, con Leo, que, por supuesto, hacía chistes, como siempre. Muchos amigos de Tomás y del socio, ex compañeros de la facultad de ambos, en fin… un mar de gente. Todos muy ocupados trabajando. Sacando las mesas y las sillas y apilándolas en el patio, juntando todos los platos y los cubiertos que había que devolver al servicio de catering, pasando la escoba, en fin… mucho trabajo pero terminarían muy pronto con todo porque eran muchas las manos que ayudaban.

Habían puesto música y todos trabajaban. Muy buen ambiente. Muy buena energía.

Ana María se sentía muy feliz de haber conocido a estas personas tan agradables en este país del norte de Europa, del que todos sus amigos y conocidos le habían dicho que era frío e impersonal, con gente malhumorada. Ana María había visto otra cara de Alemania. La gente que ella había conocido hasta ahora era muy agradable, con mucho sentido del humor, como Leo. Gente muy atractiva, como Tomás o sus hermanas. En esos pocos meses en los que ella estaba viviendo allí había aprendido mucho: ya hablaba bastante bien alemán, estaba aprendiendo mucho en la universidad, estaba empezando a conocer las costumbres de la gente  y hasta se estaba enamorando perdidamente de un hombre, y eso era algo que ella había intentado evitar a toda costa.

Se sentía muy a gusto ahí, no echaba mucho de menos ni Madrid, ni Pamplona, ni a su familia, ni a sus amigos españoles. A decir verdad, en ese momento no sabía todavía qué iba a pasar en su vida ni cómo iba a terminar todo eso. Simplemente estaba feliz, disfrutando de poder estar ahí con esa gente maravillosa.

Cada tanto, cuando levantaba la vista mientras ordenaba, mientras sacaba la decoración de las paredes, llevaba alguna silla al patio o cosas por el estilo, su mirada se cruzaba con la de Tomás y ella sentía un fuego que recorría todo su cuerpo y esperaba no estar poniéndose roja, porque no quería que nadie la viera así.

¿Cómo terminaría aquello? ¿Cuáles serían sus próximos pasos? ¿Qué sería de su vida? No lo sabía, pero estaba dispuesta a vivir esa aventura y tomaría la decisión o las decisiones que le indicase su corazón.

Hacía algunos años Ana María había estado en Buenos Aires con su familia y en el mercado de San Telmo había comprado un cartel con la inscripción: La vida es una milonga y hay que saberla bailar. Estaba empezando a comprender el significado de ese texto.

Archivo PDF: Ana María_Capítulo 22

Capítulo anterior: Capítulo 21

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