Podcast para practicar español: las historias de Ángela Santos

Las historias de Ángela Santos, estudiante de Psicología en Buenos Aires

Episodio 2/2021

—Buenos días, señorita, dijo el joven al sentarse en el coche de Ángela.

—Buenos días, caballero. Veo que quiere ir al Hospital Alemán.

—Exactamente. Pero no se asuste. No estoy enfermo ni mucho menos. Es que mi mejor amiga vive a pocos pasos del hospital y por eso siempre indico que voy al hospital.

—Bien, no hay ningún problema. Yo no tengo miedo a contagiarme. Aquí en mi coche tenemos la distancia suficiente y sin la mascarilla o tapabocas, no lo llevaría, sonrió Ángela mirándolo en el espejo retrovisor.

—Claro. Me imagino. Yo sí tengo un poco de miedo, la verdad. Para ser sincero, ese es el motivo por el que no tomo los transportes públicos. Mis padres son muy mayores y yo soy el único que tiene contacto físico con ellos. Yo los ayudo mucho en este momento, ¿sabe? Les hago las compras, les llevo medicamentos, los ayudo a limpiar su casa…. Estoy muy agotado por eso.

—Hm… me imagino… ¿y no hay forma de que alguien lo ayude a usted? Porque siempre dicen que “hay que cuidar al cuidador”. Es muy importante que usted se cuide también, ¿sabe?

El hombre la miró por el espejo retrovisor también. Tenía unos treinta años quizás. Pelo castaño, ojos azules, no se podía ver su sonrisa debido a la mascarilla, pero Ángela estaba segura de que era una sonrisa bonita, porque sus ojos sonreían la mayor parte del tiempo. Cuando Ángela hizo el último comentario, él dejó de sonreír por un momento y parecía pensativo.

—Ya lo sé. Usted tiene razón. Pero es que como estoy tan ocupado con mi trabajo y el cuidado de mis padres, mi novia se sintió ofendida porque yo no me estaba ocupando de ella o de nuestra relación y me dejó hace dos semanas. Eso era lo último que yo hubiera necesitado, realmente.

Ángela pensó que el joven se iba a poner a llorar ahí mismo, en su Citroen rojo… y le dijo:

—¿Tiene la posibilidad de hablar con alguien de esto, además de la amiga a la que va a visitar?

—¿A qué se refiere? ¿Si estoy haciendo terapia? No. Aunque Buenos Aires es, supuestamente, la ciudad del mundo con mayor número de psicólogos, sonríe, yo no estoy haciendo terapia. ¿Por qué? ¿Usted piensa que debería hacer una terapia?

Ángela sonrió y le dijo:

—A mí no me lo puede preguntar. Le voy a decir que sí, porque yo soy psicóloga. Manejo este taxi solo para ganar un dinerillo hasta que termine mi doctorado.

El joven empezó a reír de buena gana y dijo:

—¿Entonces por qué no empiezo una terapia con usted y listo?

Los dos rieron y Ángela le dio su tarjetita, pero le dijo que esa no había sido su intención.

—En este momento no tengo tiempo para ocuparme, pero tengo alguien que le puedo recomendar. Se llama Marisol Nieves del Cabo y es una excelente profesional. Llámela lo antes posible. Este es su teléfono, anote por favor…

Archivo PDF: Las historias de Ángela Santos_02-2021

 

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