Las historias de Ángela Santos, estudiante de Psicología en Buenos Aires

Las historias de Ángela Santos, estudiante de Psicología en Buenos Aires

Episodio 9/2021

Era noviembre y la ciudad de Buenos Aires estaba completamente teñida de violeta, por las bellas flores de un árbol maravilloso: el jacarandá.

—¡Cómo me encanta este árbol!, comentó María Elena, una amiga de toda la vida de Ángela. Las dos mujeres se conocían desde hacía muchos años, ya que habían sido vecinas de niñas. María Elena era dos años menor que Ángela, así que hoy tenía 26 (veintiséis) años.

—A mí también me fascina el jacarandá. Es mágico y la ciudad es tan bella en esta época del año, dijo Ángela mientras revolvía su café con leche. Las dos jóvenes estaban sentadas en un café y se habían pedido dos tazas de café con leche y dos tostados de jamón y queso.

—¿Te conté sobre mis nuevos planes, Ángela?

—No. ¿Qué planes?

—Bueno. No pienses que estoy loca, por favor. Pero es que con todos los líos que tuve en mi relación con Fernando, toda mi frustración cuando mis mellizos eran pequeños, los dramas cuando me reencontré con Carlos, mi primer amor… ¿te acordás?

—Cómo no me voy a acordar, si no hablábamos de otra cosa en esos tiempos. Creo que fue hace dos años, ¿no?

—Exactamente, contestó María Elena, suspirando mientras recordaba esa dura etapa de su vida como madre joven de mellizos. Por eso ahora, que mis hijos van al jardín de infantes y yo tengo mucho más tiempo, quiero armar un emprendimiento y quiero que me ayudes, si tenés ganas.

—¿Qué tipo de emprendimiento?, preguntó Ángela con gran curiosidad. Sabía que su amiga era una mujer inteligente y de armas tomar. Si tenía una idea, la llevaría a la práctica con seguridad y con perseverancia.

—Quiero abrir una escuela de idiomas para enseñar español para extranjeros. Tengo varias amigas que son profesoras de español y que van a cooperar conmigo. Vamos a alquilar una casa adecuada, con varias salas para enseñar en grupos o de forma individual, vamos a ofrecer la posibilidad de sumergirse en nuestra bella ciudad, acompañar a los estudiantes con clases hechas a medida y una mezcla de cultura, paseos, aventura y todo tipo de actividades interesantes adicionales.

—Pero qué idea más bonita, respondió Ángela con una amplia sonrisa. Y yo, ¿cómo te puedo ayudar?

—Muy fácil: vos conocés muchísima gente porque los llevás de acá para allá en tu coche. En general son turistas. Les podés contar sobre nuestra escuela, así nos hacés publicidad.

La cara de Ángela se iluminó.

—Claro que sí. Es importantísimo tener prospectos bien lindos para que yo los pueda repartir entre mis clientes.

Las dos mujeres estaban tan entusiasmadas que las ideas les surgían una tras otra. Qué nombre le pondrían a la escuela, dónde podían alquilar la casa, qué libros tendrían que comprar, cómo armarían los planes de estudios, con quiénes podían colaborar para organizar eventos interesantes para los estudiantes, quizás también podían ofrecer casas para que los estudiantes vivieran en familias y tuvieran una experiencia de inmersión total… no podían dejar de pensar y pensar en nuevas ideas y pasaron unas cuantas horas en el café…

Archivo PDF: Las historias de Ángela Santos_09-2021

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