Aprender español con historias: Las historias de Ángela Santos, episodio 8

Las historias de Ángela Santos, estudiante de Psicología en Buenos Aires

Episodio 8

Era viernes. El dos de agosto a las once de la noche. En Buenos Aires hacía un frío de locos, porque claro, era pleno invierno.

Ángela estaba volviendo a su casa y, apenas entró en su flamante Citroen rojo, prendió su teléfono móvil y salió un mensaje con un viaje. Ella lo miró y lo aceptó. Era una mujer que quería viajar a Belgrano. Como le quedaba en camino, Ángela se puso contenta, ya que era tarde y ella quería volver a su casa. Estaba saliendo de la cafetería a la vuelta de su universidad, donde había estado estudiando con un grupo de compañeros de facultad.

Ángela condujo lentamente hasta la dirección que le había indicado la aplicación de su móvil y detuvo el coche en la esquina. En ese momento, una mujer se le acercó, le preguntó por su nombre y, cuando Ángela se lo dijo, abrió la puerta y se sentó a su lado.

—Buenas noches. Y muchas gracias. Soy Laura Sonnig, vamos a Belgrano, por favor, a la Avenida Virrey del Pino.

—Por supuesto. Mucho gusto. Yo soy Ángela Santos, sonrió Ángela de buen humor. Laura Sonnig parecía una mujer agradable a simple vista. Estaba vestida de manera muy elegante. ¿Habrá ido al teatro?

—Justamente acabo de salir del teatro, le dijo Laura, ni que hubiera podido leer los pensamientos de Ángela.

—¿Ah, sí? ¿Y qué obra viste?, le preguntó Ángela cortésmente.

—Una obra que me encantó. Se llama 100 (cien) metros cuadrados. Muy divertida, genial. Fui con unas amigas, pero ellas viven aquí mismo y yo tengo que volver a Belgrano. La verdad es que me da un poco de miedo esto de andar sola por la ciudad.

—¿Tú no eres de aquí, verdad?, preguntó Ángela, hablando en “español de España”, porque estaba segura de que su pasajera no era argentina. Si no, hubiera preguntado: ¿vos no sos de acá, verdad?

—No. No soy de acá. Vivo en España desde hace cuatro años, pero en realidad soy de Múnich, de Baviera, en Alemania, contestó Laura, ya más relajada. Ahora estoy de vacaciones en Buenos Aires, vengo mucho porque me encanta la ciudad y tengo familia acá. Un primo mío vive acá.

—¡Qué bien! Te felicito por tu español. Lo hablas muy bien.

—Muchísimas gracias. En Alemania lo aprendí en la escuela, después lo estudié en la Universidad, pero era una asignatura optativa, y, como te he dicho, los cuatro años de España han sido excelentes para mejorar mis conocimientos. Pero dime, ¿cómo es el tema de la seguridad para mujeres solas en esta ciudad?

—Mirá… hay que tener cuidado, por supuesto. Pero pienso que en toda gran ciudad hay que tener cuidado. ¿Tú dónde estás viviendo?

—En Barcelona.

—Esa ciudad es preciosa, pero también puede llegar a ser peligrosa, ¿no? Un cuento de hadas no es…

Laura se rió.

—No. Un cuento de hadas no es. Es verdad. Pero me dijeron mis amigos que acá hay que tener muchísimo cuidado por la noche, sobre todo si eres mujer, continuó Laura.

—Y sí. No te voy a mentir. Pero yo tengo 26 años, siempre he vivido en esta ciudad, estudio, trabajo de “taxista” desde hace un buen rato y, la verdad, hasta ahora siempre he tenido suerte.

—Quizás sea por tu nombre: Ángela Santos. Es un nombre de ángeles, contestó Laura con una amplia sonrisa. ¿Te puedo pedir una tarjetita por si tengo que hacer otros viajes durante mi estadía en la ciudad y tú justo estás disponible?

—Sí, claro, acá está. Àngela no solía hacerlo, pero Laura le inspiraba mucha confianza y pensó: ¿por qué no? Una nunca sabe las vueltas que da la vida…

Archivo PDF: Las historias de Ángela Santos_8

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