Cómo hablar mejor español: Las historias de Ángela Santos – 8/2021

Las historias de Ángela Santos, estudiante de Psicología en Buenos Aires

Episodio 8/2021

Era el 29 de agosto y hacía bastante calor para ser invierno. Ángela y su amiga Sandra  estaban sentadas en dos sillas muy cómodas delante de la casita que Sebastián y Sandra se habían comprado hace un par de años en una de las islas del Delta del Tigre.

—¡Este lugar es maravilloso, Sandra!, le dijo Ángela a su amiga. Qué suerte que me invitaste y que por fin tuve tiempo de venir.

—Sí, Ángela, la verdad es que estoy muy feliz de tenerte acá. Porque desde que compramos la casa todavía no habías tenido tiempo de venir.

Ángela y Sandra se conocían de la escuela secundaria. Se habían hecho muy amigas. Sandra estudió Medicina y era ginecóloga desde hacía un año. Trabajaba en el Hospital Argerich, en el centro de la ciudad de Buenos Aires. Su marido, Sebastián, era médico también, traumatólogo, y trabajaba en el mismo hospital. Hace unos años los dos se compraron la casita en el Delta del Tigre, en el río Carapachay, y la llamaron “La Escondida”. Los dos adoraban el Tigre, les gustaba la paz y la tranquilidad que se respiraban acá y disfrutaban muchísimo invitando a amigos y pasando fines de semana en la casa. Tenía un gran terreno, directamente al lado del río, por supuesto, con un muelle propio. Era una experiencia maravillosa pasar unos días allí y Ángela estaba feliz.

Normalmente viajaban desde la estación de trenes de Tigre, en Buenos Aires, allí tomaban la lancha colectiva que los llevaba hasta la puerta de la casa.

Como todas las casas del Delta del Tigre, esta cabaña estaba construida sobre pilotes para protegerse de las crecidas, que eran frecuentes en esta región de tanta agua.

Mientras Sandra y Ángela charlaban y tomaban sol esta tarde de invierno, Sebastián preparaba un delicioso asado con carne argentina. Sandra ya había hecho unas ensaladas, habían comprado pan y en un rato iban a sentarse todos a la mesa a disfrutar de la rica comida.

—A mí me encantan las casas que están a orillas del agua, dijo Ángela.

—A nosotros también. Por eso nos compramos esta casa. Porque tenemos total tranquilidad de la ruidosa Buenos Aires y podemos estar completamente alejados del estrés. Acá recargamos las baterías después de las semanas de locura que nos tocan vivir en el hospital. Más aún en estas épocas de pandemia, que nos volvieron locos a los dos.

Los amigos comieron el asado, después se sentaron un largo rato a tomar unos mates y al caer la tarde volvieron en lancha colectiva a la estación de Tigre, donde Ángela había estacionado su coche. Pasaron un fin de semana divino.

Archivo PDF: Las historias de Ángela Santos_08-2021

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