Mejora tu español con historias: Las historias de Ángela Santos

Las historias de Ángela Santos, estudiante de Psicología en Buenos Aires

Episodio 4/2020

Ángela se despertó muy temprano aquel día. Todavía estaba en la cama, pensaba levantarse en unos minutos. Era viernes, el 17 de abril en Buenos Aires. La situación era muy especial, porque el mundo entero no había vivido algo similar hasta el momento. Al menos tanto Ángela, como sus padres, como sus amigos, repetían lo mismo una y otra vez. Todos estaban confinados, tenían que quedarse en sus casas, la gente no podía salir ni encontrarse con amigos, tampoco con la familia. Por un virus, el Covid 19 o coronavirus. Increíble, pero real… Y esto estaba pasando en todo el mundo al mismo tiempo.

Ángela estaba feliz de haber ido a Europa justo a tiempo, y de haber podido volver sin problemas. Ahora ya nada de eso era posible.

Sonó el teléfono y Ángela se levantó y fue a atender.

—Hola ma, buen día. Sí, ya estaba despierta, no te preocupes. ¿Estoy bien y vos? Qué suerte. Sí, en un ratito salgo. Primero me voy a preparar un desayunito y después salgo. No, hoy me tocan los vecinos de la otra calle… ¿vos necesitás algo? ¿Tenés todo? Bueno. Si no, me avisás y salgo a comprarte lo que necesites.

Ángela, que no estaba trabajando aún y que tenía mucho tiempo libre, había decidido anotarse como voluntaria para ayudarles a personas mayores en esta difícil época que estaban pasando. En Buenos Aires estaba completamente prohibido salir de las casas. Todas las personas que Ángela conocía se estaban ateniendo al pie de la letra a esas reglas… les costaba mucho a todos.

Desde los comienzos de “la cuarentena”, Ángela estaba más ocupada que nunca en su vida. Todos los días estaban llenos de actividades, había explotado el mundo “online”, todos sus amigos y conocidos hacían cursos en línea, o por la plataforma de Zoom, o por Go meeting, Teams, de todo… se ofrecían cursos de yoga online, pilates, clases de idiomas, grupos de meditación, clases universitarias de todo tipo, todo muy impresionante.

Los ´días eran una locura y la gente estaba muy ocupada. Las redes sociales estaban a toda máquina con todo tipo de canciones, chistes, pero también había videos muy sentidos y muy especiales, poesías, pensamientos muy profundos, de todo.

—Sí, doña Clara, cómo no. En media hora voy a llevarle sus medicamentos a su casa. Quédese tranquila que ya compré todo y lo tengo acá. Me termino mi café y le llevo todo, no se preocupe.

Así todo el día. Medicamentos para doña Clara, alimentos para el señor Ramírez, vecino del quinto piso, que no podía caminar bien, tenía un andador y una silla de ruedas, tenía mucha ayuda de su hijo, gracias a dios, que iba a verlo cada dos días. También iba una enfermera para ayudarlo a cambiarse y tenía otra mujer, Martita, que le cocinaba.

—Buenos días, señor Ramírez, lo saludó Ángela esa mañana, manteniendo la distancia de dos metros cuando el viejito abrió la puerta, apoyado en su andador.

—Gracias, Ángela. Qué suerte que existen personas como usted, como mi enfermera y tantas otras almas buenas que nos ayudan a los viejos en esta época. Por eso, yo salgo todos los días al balcón a aplaudir a todos aquellos que, en mi opinión, son los héroes de esta época: los enfermeros, los médicos y los ayudantes de todo tipo. Gracias.

Ángela se emocionó. Cómo le hubiera encantado abrazar a ese viejito divino, que había sido un gran cirujano en su buena época y que le había ayudado a tantas personas con su trabajo. Hoy estaba muy solo, su esposa había fallecido hace unos años y él hacía lo que podía para sobrevivir, siempre con una sonrisa.

Archivo PDF: Las historias de Ángela Santos_4-2020

 

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