Practica español con historias: Ángela Santos – episodio 9/2020

Las historias de Ángela Santos, estudiante de Psicología en Buenos Aires

Episodio 9/2020

Eran las ocho de la mañana del 4 de septiembre. El tiempo en Buenos Aires ya estaba mucho más lindo. Hacía más calor y los días ya eran más largos. Pronto empezaría la primavera, que era la estación del año preferida de Ángela. Este año, el 2020, era, hasta el momento, completamente diferente a todos los anteriores.

Nadie hubiera pensado que podría pasar algo así: todos encerrados en las casas desde marzo, sin poder trabajar, sin poder ver a los amigos ni tampoco a la familia, grandes preocupaciones por la situación mundial. En fin… una vida completamente distinta.

Para afrontar mejor esta situación difícil y porque Ángela era una persona básicamente optimista y con mucha alegría de vida, que veía en todo lo positivo, aún en las situaciones más desafiantes, ella había empezado con un curso de meditación en línea. Lo hacía todos los días via Zoom, con su profesora de yoga, que había empezado a dar sus clases por Zoom.

Al final de la clase de yoga, una vez por semana, Anahí, la profesora, hacía siempre unos minutos de meditación y relajación. Y cuando comenzó el confinamiento, empezó a ofrecer, además de la clase de yoga semanal, una clase diaria de meditación, para calmar los ánimos, tranquilizar la mente y estar centrados, a pesar de los desafíos del momento.

Ángela estaba en la sala de su casa, sentada en su cojín de meditación, con los ojos cerrados, escuchando a Anahí, que hablaba suavemente y decía:

—Siéntate en un lugar cómodo. Coloca la espalda derecha y erguida, sin tensión. Las plantas de los pies bien apoyadas en el suelo, si estás en una silla o las piernas cruzadas de una manera cómoda y estable si estás en un cojín. Piensa un momento en cómo te sientes ahora mismo. Física y emocionalmente.

No creas que algunos estados de ánimo son buenos y otros malos. Préstale atención a cómo te sientes. Acéptalo. No te juzgues. Siente tu estado de ánimo actual y acepta todo. Relájate. Cierra los ojos y respira profundamente. Inspira y expira. Inspira y expira. Apoya las manos sobre tus muslos. Mantén erguida la columna vertebral. Siente tu pecho abierto, siente tu vulnerabilidad.

Puedes mantener la mirada abierta y baja, enfocándote sobre el suelo, sin mirar nada en particular. Si lo prefieres, también puedes mantener los ojos cerrados. Como tú te sientas mejor. Siente tu cuerpo. Siente tus manos. La energía que fluye a través de tus manos.

Siente que estás vivo o viva y que estás respirando y disfrutando de este momento, solo para ti. Puede ser que te lleguen pensamientos. No te preocupes. Cuando venga un pensamiento, no te aferres a él. Déjalo irse. Como si tú fueras el cielo y el pensamiento, una nube que pasa y se va.

Vuelve a enfocarte en el aquí y ahora. Siente tu cuerpo. Respira profundamente. Inspira y expira. Déjate fluir con la respiración. Sigue la respiración y siéntela suavemente. Disfruta de cada inspiración y cada expiración. Siente que es tu cuerpo el que está respirando y disfruta de tu cuerpo que respira….

Después de veinte minutos sonó el gong y Ángela se levantó, estiró sus brazos, las piernas, y fue a la cocina a prepararse un té de jazmín para empezar su día. Se sentía completamente relajada y con mucha energía vital.

Archivo PDF: Las historias de Ángela Santos_9-2020

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Practica español con historias: Las historias de Ángela Santos, episodio 7-2020

Las historias de Ángela Santos, estudiante de Psicología en Buenos Aires

Episodio 7/2020

Era julio, el 10 de julio, un viernes en la ciudad de Buenos Aires. Pleno invierno, muchísimo frío. Para colmo de males, había mucha humedad y por eso parecía más frío aún.

Ángela acababa de hablar por teléfono con Gustavo. En esta época que estaba viviendo el planeta, Gustavo y Ángela se estaban acercando. Habían empezado a escribirse por whatsapp y cada tanto hacían charlas por zoom.

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Mejora tu español con videos gratuitos: Dios aprieta pero no ahorca

Mejora tu español con videos gratuitos: Dios aprieta pero no ahorca

Hola a todos y bienvenidos nuevamente al blog Ganas de hablar.

Yo soy Cristina y este blog está pensado para ayudarles a ustedes a mejorar sus conocimientos de español y lo que les quiero explicar hoy es un dicho o un refrán usado en el mundo hispanohablante y el refrán es: Dios aprieta pero no ahorca, que también se puede escuchar a veces como Dios aprieta pero no ahoga.

Aquí tenemos dos verbos que son fundamentales que son el verbo… o sea fundamentales para este para entender este refrán, que son el verbo “apretar”. Apretar, por ejemplo, apretar es esto: yo aprieto. Apretar es un verbo que tiene una irregularidad de la “e” cambia a “ie”. Yo aprieto, tú aprietas, él aprieta, apretamos, apretáis, aprietan. Ese es el verbo “apretar”.

El verbo “ahorcar” es esto: ahorcar.  Ahorcar, es decir dios aprieta un poquito pero no ahorca.

Ahorcar significa cuando se me va el aire y termino muriéndome. Me muero, no tengo más aire. Entonces esto es el significado que tiene este refrán: es que muchas veces tenemos situaciones difíciles en la vida, complicadas, que son difíciles de superar. Dios, el universo, nos genera esa situación para aprender cosas, para que podamos encontrar nuestros recursos o nuestros talentos profundos para salir de esa situación.

Como diciendo que nos aprieta para que salgamos de la zona de confort y nos pongamos a pensar en una solución, pero no nos ahorca. Es decir no termina matándonos y es un refrán que implica una…

Hay que tener fe tener fe en que las situaciones difíciles de la vida pueden ser muchas y siempre depende de cómo me tome yo esa situación.

Si me la tomo muy mal y pienso: no puedo salir, no puedo salirl, me siento desesperado desesperada en mi caso, entonces por supuesto es una situación súper negativa.

Pero en el momento en que llega la situación difícil uno puede pensar: esto es lo que hay acepto en principio esto, lo veo como lo que tengo en este momento, trato de tranquilizarme y de pensar en posibles soluciones para salir del problema.

Eso es lo que hay detrás de este dicho: dios aprieta pero no ahorca. Es decir está la situación negativa, está el problema, lo que sea, puede ser una enfermedad, puede ser perder el trabajo, puede ser perder una relación importante.

Por supuesto que es un problema muy difícil, pero siempre depende también cómo yo me tome ese problema y si me lo tomo con fe puedo salir adelante y habré… habré crecido en un sentido también espiritual o lo que sea.

Habré crecido. No significa que hay que resignarse a tener este problema, sino que significa que lo acepto y una vez que lo he aceptado trato de, por supuesto, encontrar la solución y voy a encontrar muchas más soluciones y estoy tranquilo que si estoy desesperado o desesperada.

Bueno, espero que hayan comprendido este dicho, este refrán del mundo hispanohablante y que lo puedan aplicar en alguna situación.

Un abrazo a todos una hermosa semana y será hasta la próxima. Chau

Archivo PDF: Dios aprieta pero no ahorca

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El que busca, encuentra: Mejora tu español con videos

El que busca, encuentra: Mejora tu español con videos gratis

Hola a todos y bienvenidos nuevamente al blog Ganas de hablar.

Hoy les traigo un refrán muy. muy usado en el mundo hispanohablante. El refrán se llama: El que busca, encuentra ¿sí? Ahí hay dos verbos, el verbo “buscar” y el verbo “encontrar”.

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Mejora tu español con historias: Las historias de Ángela Santos

Las historias de Ángela Santos, estudiante de Psicología en Buenos Aires

Episodio 4/2020

Ángela se despertó muy temprano aquel día. Todavía estaba en la cama, pensaba levantarse en unos minutos. Era viernes, el 17 de abril en Buenos Aires. La situación era muy especial, porque el mundo entero no había vivido algo similar hasta el momento. Al menos tanto Ángela, como sus padres, como sus amigos, repetían lo mismo una y otra vez. Todos estaban confinados, tenían que quedarse en sus casas, la gente no podía salir ni encontrarse con amigos, tampoco con la familia. Por un virus, el Covid 19 o coronavirus. Increíble, pero real… Y esto estaba pasando en todo el mundo al mismo tiempo.

Ángela estaba feliz de haber ido a Europa justo a tiempo, y de haber podido volver sin problemas. Ahora ya nada de eso era posible.

Sonó el teléfono y Ángela se levantó y fue a atender.

—Hola ma, buen día. Sí, ya estaba despierta, no te preocupes. ¿Estoy bien y vos? Qué suerte. Sí, en un ratito salgo. Primero me voy a preparar un desayunito y después salgo. No, hoy me tocan los vecinos de la otra calle… ¿vos necesitás algo? ¿Tenés todo? Bueno. Si no, me avisás y salgo a comprarte lo que necesites.

Ángela, que no estaba trabajando aún y que tenía mucho tiempo libre, había decidido anotarse como voluntaria para ayudarles a personas mayores en esta difícil época que estaban pasando. En Buenos Aires estaba completamente prohibido salir de las casas. Todas las personas que Ángela conocía se estaban ateniendo al pie de la letra a esas reglas… les costaba mucho a todos.

Desde los comienzos de “la cuarentena”, Ángela estaba más ocupada que nunca en su vida. Todos los días estaban llenos de actividades, había explotado el mundo “online”, todos sus amigos y conocidos hacían cursos en línea, o por la plataforma de Zoom, o por Go meeting, Teams, de todo… se ofrecían cursos de yoga online, pilates, clases de idiomas, grupos de meditación, clases universitarias de todo tipo, todo muy impresionante.

Los ´días eran una locura y la gente estaba muy ocupada. Las redes sociales estaban a toda máquina con todo tipo de canciones, chistes, pero también había videos muy sentidos y muy especiales, poesías, pensamientos muy profundos, de todo.

—Sí, doña Clara, cómo no. En media hora voy a llevarle sus medicamentos a su casa. Quédese tranquila que ya compré todo y lo tengo acá. Me termino mi café y le llevo todo, no se preocupe.

Así todo el día. Medicamentos para doña Clara, alimentos para el señor Ramírez, vecino del quinto piso, que no podía caminar bien, tenía un andador y una silla de ruedas, tenía mucha ayuda de su hijo, gracias a dios, que iba a verlo cada dos días. También iba una enfermera para ayudarlo a cambiarse y tenía otra mujer, Martita, que le cocinaba.

—Buenos días, señor Ramírez, lo saludó Ángela esa mañana, manteniendo la distancia de dos metros cuando el viejito abrió la puerta, apoyado en su andador.

—Gracias, Ángela. Qué suerte que existen personas como usted, como mi enfermera y tantas otras almas buenas que nos ayudan a los viejos en esta época. Por eso, yo salgo todos los días al balcón a aplaudir a todos aquellos que, en mi opinión, son los héroes de esta época: los enfermeros, los médicos y los ayudantes de todo tipo. Gracias.

Ángela se emocionó. Cómo le hubiera encantado abrazar a ese viejito divino, que había sido un gran cirujano en su buena época y que le había ayudado a tantas personas con su trabajo. Hoy estaba muy solo, su esposa había fallecido hace unos años y él hacía lo que podía para sobrevivir, siempre con una sonrisa.

Archivo PDF: Las historias de Ángela Santos_4-2020

 

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