Podcast para practicar español: las historias de Ángela Santos

Podcast para practicar español: las historias de Ángela Santos

Las historias de Ángela Santos, estudiante de Psicología en Buenos Aires

Episodio 1/2021

—¡Qué calor infernal!, dijo la señora, al sentarse en el asiento de atrás. Ángela estaba trabajando nuevamente de “taxista”, como antes, para ganar un poquito de dinero mientras hacía su doctorado en Psicología en la Universidad de Buenos Aires. Era enero y en Buenos Aires hacía mucho calor, como siempre en esta época del año, pleno verano.

—Sí, la verdad que tengo que darle la razón. Siéntese y póngase cómoda, señora. En un momento va a sentirse mejor, porque el aire acondicionado de mi coche funciona muy bien, sonrió Ángela, mirando a la señora por el espejo retrovisor.

Parecía una mujer muy atractiva, pero eso solo se podía adivinar, ya que llevaba el tapabocas, como todo el mundo actualmente. Ángela no se podía ni imaginar cómo era la vida sin ese artefacto horrible. Tapaba casi toda la cara, dejando libre solamente los ojos. Las personas que usaban gafas (anteojos, como se dice en Argentina), vivían con los lentes empañados y no podían ver bien en ningún lugar. Era muy incómodo, muy desagradable, pero aparentemente necesario para reducir el contagio del virus Covid 19.

—A mí me encantaría que usted se sentara en el asiento de adelante, señora, pero no está permitido, comentó Ángela.

—Pero claro, por supuesto, no podemos hacer excepciones. En mi caso, estoy muy feliz de haber pasado todo este tiempo sin enfermarme. Soy docente en la Universidad de Buenos Aires, en la Facultad de Psicología, y todas las clases actualmente las doy por Zoom o por otras plataformas online. Al principio me costó muchísimo, pero me acostumbré y ahora hasta me resulta muy cómodo y práctico.

—¡Ay, pero qué casualidad!, exclamó Ángela a viva voz. Yo estoy trabajando en mi tesis del doctorado de Psicología. Trabajo de taxista para ganar un poco de dinero, pero no es mi profesión en realidad.

—No me digas… dijo la mujer con una amplia sonrisa. ¿Y con quién estás preparando tu tesis? Quizás yo conozca al profesor. O casi seguro que lo conozco, siguió la mujer, que tendría unos 50 años, aproximadamente.

—Con el Dr. Benavídez, catedrático de la universidad. Una eminencia, a decir verdad…

—Pero esto es increíble, siguió la mujer. Me voy a anotar tu nombre y tu teléfono, si me lo permitís. Conozco muy bien al Dr. Benavídez. También estudié con él. Mi doctorado, sin embargo, lo hice con el Dr. Santiago Rinaldi, otra eminencia en el tema. Pero el Dr. Rinaldi falleció hace unos años, a la edad de 87 años.

—Mi nombre es Ángela Santos. Esta es mi tarjetita, dijo Ángela y le pasó a la señora su tarjeta de visita.

—Yo soy María Elena Bellini. Acá te paso mi tarjeta, por si tenés cualquier pregunta. Un gusto de conocerte, Ángela. ¿Puedo llamarte cuando necesite ir a algún lado en esta gran ciudad y no sepa cómo llegar?, sonrió María Elena.

—Pero por supuesto. No se imagina la cantidad de gente interesante que conocí a través de mi trabajo llevando a personas de aquí para allá. Y, además, la mayoría de la gente me cuenta sus historias en estos viajes y a mí me sirve para practicar, para conocer a las personas, los distintos tipos de personalidades, me va a servir para mi profesión en el futuro, continuó Ángela.

—No me cabe la menor duda, le aseguró la mujer, mirando por la ventanilla del coche, mientras el Citroen C3 de Ángela circulaba por las calles de Buenos Aires.

Archivo PDF:  Las historias de Ángela Santos_01-2021

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